jueves, 9 de mayo de 2019

TIENES MÁS TRUCOS QUE JUEGO DE TRONOS


DESMITIFICANDO EL FENÓMENO
A sabiendas de que me meto en un jardín y sin ánimo de ofender, en esta entrega voy a dar un giro al contenido del blog, tocando un tema sensible: el fenómeno audiovisual de la década.
La  proximidad del final de la omnipresente serie, nos ha deparado un capítulo que presume de ser “la batalla más larga de la historia del cine” y que, en consecuencia, se titula “La larga noche”. Tan larga como los ocho años que muchos llevan esperando este momento.

Concebida como un alarde (15 millones de $, más de 700 actores) y creo que también como una apuesta (“a ver hasta dónde llegamos”), ha levantado tal tormenta en  redes y redecillas que hasta blogs tan serios como el de Pol Turrents  y el mismísimo El País se han hecho eco. Y yo no iba a ser menos, que cojones.

No se asusten, sólo me subo al carro del anacrónico lenguaje de camionero medieval que se usa en la serie, supongo que para congraciarse con el público adolescente, que lo practica con fluidez. Quizá sea este el primero de los trucos.
Porque Juego de tronos tiene más trucos que un cargamento de monos. Y no es que esto sea malo. El cine no es más que eso, desde los tiempos de Melies, pero el truco debe estar al servicio de la narrativa, no ser un medio para enganchar a millones de espectadores incautos. El guión del capítulo (como toda la serie) es un mecanismo de relojeria que va a lo seguro. Estructura clásica, sin un fallo. Pero por lo tanto, previsible en muchos momentos (para el que conoce la estructura, claro está).

Un esquemático análisis del controvertido y paradigmático capítulo nos deja muchos detalles reveladores. Veamos:

DURACIÓN: 77 minutos de batalla nocturna (con sus elipsis correspondientes). A priori parece que se puede hacer larga…
CABECERA: De visionado obligatorio dura 1,45”…larga. Muy larga. Pero sirve para empaparnos del tema musical, que enardece el espíritu cuan himno de la Legión y nos prepara para la batalla. Vamos, que nos engancha.
FOTOGRAFÍA: Muy valiente, como los personajes de la serie. Fotografiar la noche tal como es, negra, es un atrevimiento que sólo se puede acometer desde el triunfo consolidado y suponiendo que todos los espectadores ven el capítulo en una pantalla mínimo de 55” y en penumbra. En caso contrario la gama de grises, que está muy conseguida, se va al carajo y los que vean la serie en el Smartphone, pues ya saben. Que les den…
LENGUAJE EMPLEADO: ¡Ya lo he dicho, coño!
GAMA DE COLORES: Uso recurrente del azul en su papel de soporte visual del frio y la noche. Sólo los abundantes incendios dan la nota cálida. Y esos ojitos azules fosforescentes de los muertos añaden más frio a su maldad.
AMBIENTACIÓN: ¿Lo mejor? Gracias a Dios que aún no se ha incorporado el olor a las películas, porque la experiencia podría ser terrible.
SEXO: Este es el gancho más infalible pero en este capitulo no aparece, es lógico, no tienen tiempo. Y hablando de la ambientación, me resultan demasiado limpias y aseadas las damas que muestran sus perfectos cuerpos en el resto de casi todos los capítulos de la serie, un anacronismo que me gustaría saber cuantos puntos de share le proporciona.
Y una pregunta: ¿Es casual que la serie tenga 69 episodios?
MÚSICA Y EFECTOS: La BSO es excelente. El tema musical,  con cadencias descaradamente repetitivas es muy eficaz, apoyado por efectos “diapasón” (tic, tac, tic, tac) que atrapan el inconsciente del espectador poco consciente.
NARRATIVA:  Los guionistas han usado todas las recetas que el lenguaje audiovisual les ofrece, todo cuadra y no hay nada que no se justifique. Y aunque la serie ha dejado atrás a la obra literaria en que se basa (aún inconclusa), es dificil pensar que nos depare sorpresitas finales como por ejemplo las que nos regaló "Lost", fruto de ir escribiendo los guiones sobre la marcha. Las  historias son un viaje y este tiene un destino desde que empieza. Otra cosa es que nos permitan imaginarlo.
En este capítulo se emplea abundantemente el recurso de las “pistas”, que permiten al espectador “adivinar” lo que no ve, en base a sus conocimientos de las tramas y a los efectos de sonido que oímos pero no escuchamos (ver epígrafe anterior). Por ejemplo, tardamos más de 15 minutos en entrever al ejercito de los muertos. Es uno de los más clásicos y efectivos “trucos” narrativos.

El capítulo comienza dándose un homenaje cinematográfico, con un plano secuencia de más de dos minutos, que arranca del primer plano de un estrambótico puñal. ¿Recuerdan el arranque de Sed de Mal, de Orson Welles? Pues cambien la bomba por el cuchillo y ya está. En este caso se muestran los preparativos de la defensa de la ciudadela, pasando de un personaje a otro y siempre de forma confusa, en gran medida por culpa de la oscuridad. ¡Que es de noche!. Bueno, vale. Y el de Welles dura 3,15”, por cierto.

Sobre el minuto 11 escuchamos primero y vemos después, al ejercito de los dothrakis, provistos de espadas llameantes, que se adentran en las oscuridad, donde adivinamos que están los muertos esperando. Aquí está la primera crisis, pues vemos “horrorizados” como el griterío y las espadas llameantes se van apagando en el plano general mientras se hace el silencio.
Han muerto todos en un momento. Esto es innecesariamente subrayado por dos frases memorables: ”El rey de la noche viene” (J. Snow) a lo que Daenerys responde: “Los muertos ya están aquí”,  por si alguien no se había dado cuenta. Una pena, porque el “apagado” del ejercito es espectacular y se pierde parte de su efecto sobrecogedor.
Y además, ¿Por qué el Rey de la noche no resucita a esta tropa y la pone de su lado? A alguien se le ha olvidado algo. 

A partir de aquí (minuto 15), la confusión se adueña de la historia, desgarradores alaridos, golpes, tic  tac, tic, tac, montaje muy rápido que facilita el rodaje (A ti te quería ver yo…) sin luz, porque claro, los vivos están en franca inferioridad ya que los muertos, además de estarlo, ven en la oscuridad con unos ojillos-linterna azules muy bonitos. 
La cosa se va poniendo fea, los zombies asaltan la muralla, lo cual produce abundantes incendios que nos permiten ver algo. Una secuencia de pelea entre dragones (batalla aérea nocturna muy conseguida) se inserta entre numerosas escenas de apariciones de muerto tras esquina, carreras por pasillos tenebrosos y diversos momentos de susto o muerte, hasta que nos dan la primera pista del final: Arya Stark, haciendo molinetes con su lanza, mata (de nuevo) a un número incontable de muertos, lo que nos puede hacer sospechar que va a ser ella la que liquide al rey de los zombies (y no el previsible Snow), que hace su aparición en el minuto 32, aunque hasta el 55 no entra en acción. 


Porque de  lo que estamos seguros desde el principio, es de que este siniestro personaje tiene que desaparecer. Si ganase, este sería el último capítulo de la serie. ¿No? La única incógnita que tenemos es quién y de que artística forma le van a eliminar. Poca cosa para 15 millones de $.
Esto sucede en el ¡minuto 74! después de que, desde el 68, el susodicho bicharraco vaya liquidando “fríamente” y sin despeinarse, a todos los héroes y heroínas que se interponen en su camino. Por cierto, no tiene pelo, solo unos cuernecillos diabólicos (dicen que tardan seis horas en maquillarle).

Al fin, en una escena magnífica, Arya consigue clavarle un cuchillo en la única rendija de su armadura. Como el tipo es de hielo, estalla en mil pedazos y, tras él, va haciéndolo el resto de su ejercito (Dragón malo incluido), que queda reducido a asaduras sanguinolentas. La sorpresa no es que el Rey muera, sino quien le mata.

En los tres minutos que restan, la música energizante es sustituida por un lento y triste piano arropado por los violines, mientras la cámara nos muestra, en un blanco-azulado plano general, como Melisandre se aleja lentamente hasta caer muerta sobre la nieve. Ya se lo había dicho a su enemigo favorito: “No hace falta que me ejecutéis, Ser Davos, habré muerto antes del alba”.

Está claro que este análisis no será del gusto de los seguidores impenitentes de la serie, por lo cual pido disculpas. Pero es lo que hay.  En el cine, a estas alturas, es muy difícil hacer algo nuevo. Hay que ver más a los clásicos para que no nos den gato por liebre.

P.D.: La pólvora la inventaron los chinos hace muchos siglos y todavía hay algún “despistado” que la quiere patentar. Claro que más despistado será el que se la compre.



martes, 23 de abril de 2019

LOS ROSTROS DEL GENIO


En estos días en los que los políticos nos recitan su letanía de mediocridades, tenemos la suerte de que nos visite un genio que supo deslumbrar al mundo desde su particular caos y su inagotable curiosidad.


Leonardo, el polifacético artista que terminaba su currículo en el que se ofrecía a Ludovico Sforza afirmando (después de otros diez méritos que iban desde la construcción de puentes hasta el invento de tanques y ametralladoras) que “además sabía pintar tan bien como cualquier otro”. Que esto lo diga el autor de ”La Gioconda” o “La última cena”, nos da una idea de lo que se consideraba capaz de hacer.

En una doble muestra alojada en la Casa de las joyas y en la Biblioteca Nacional de Madrid hasta el 17 de mayo, organizada con el doble motivo del V centenario de su muerte y el intento de “ponerle cara”  (Leonardo da Vinci: los rostros del genio), podemos deleitarnos con su escritura en espejo y las ilustraciones de sus cuadernos, reflejo del genial desorden que enmarcó su vida.
Capítulo aparte merecen las maquetas de algunos de sus ingenios: El paracaídas, la ametralladora, el hombre pájaro, el tanque… que con excelente factura se nos muestran en ambas exposiciones.

Hijo no reconocido de un notario y paradigma de un Renacimiento del que todos los que nos dedicamos a la imagen somos herederos, su pensamiento era tan avanzado que, si los escritos que podemos contemplar en esta doble exposición no hubieran estado perdidos y dispersos tanto tiempo, seguramente la historia de la Humanidad habría discurrido por otros derroteros.


Leonardo acostumbraba a llevar colgado un cuaderno de notas en el que iba anotando todo lo que le interesaba o se le ocurría, el cartapacio o zibaldone.  El Códice Madrid II (que junto a Madrid I se exhibe en la BN) es uno de ellos y en esas páginas explica, entre otras cosas, un “sistema de reproducción simultánea de escritos e ilustraciones mediante planchas metálicas”, el vuelo artificial pilotado e incluso encontramos la descripción del momento mágico en el que halló la cuadratura del círculo, el problema matemático más famoso de la antigüedad:
“En la noche de san Andrés encontré la solución final de la cuadratura del círculo cuando ya se terminaba la vela, la noche y el papel en el que escribía, al filo del amanecer”.
Esto se plasmó en el “Hombre de Vitrubio”, imagen que aloja todas las proporciones humanas y que había sido descrito (pero nunca dibujado) por el arquitecto romano que le da su nombre. Cierto es que su hallazgo fue empírico, a compás y regla, pues Leonardo no poseía el conocimiento matemático suficiente, ni aun con la ayuda de su amigo Luca Pacioli, para resolver este problema que le obsesionó durante una década y que fue finalmente despejado por Leibnitz y Newton. Lo cual tiene aun más mérito.


Leonardo dibuja la figura de un hombre con los brazos  en cruz y las piernas separadas en un ángulo tal que el ombligo se halla en el centro del círculo y sus genitales en el del cuadrado. La figura nos revela un gran número de claves sobre las proporciones del cuerpo humano como que “la longitud de los brazos extendidos de un hombre es igual a su altura”, ”desde el codo hasta la punta de la mano será la quinta parte del hombre, “el pie es la séptima parte de la altura”, etc., todo ello enmarcado en el conocimiento del número áureo, otro de los misterios que Leonardo utilizó en sus obras.

Exposiciones altamente recomendables y, por ejemplo, una excelente forma de pasar la jornada de reflexión.






lunes, 25 de marzo de 2019

Man Ray; "Objetos de ensueño"






Tras Doisneau, y Beaton, de nuevo la Fundación Canal nos vuelve a regalar una magnifica muestra de uno de los fotógrafos clásicos más representativos: el surrealista Man Ray. Desde el 31 de enero y hasta el 21 de abril se puede  visitar la exposición  “Man Ray. Objetos de ensueño”, cuyas obras proceden de diversas colecciones privadas españolas y europeas, reunidas en exclusiva para esta ocasión. La selección fotográfica y de objetos del artista incluye más de un centenar de piezas, que fueron bautizadas por el poeta francés Robert Ribemont-Dessaignes como “objetos de ensueño”, porque se sitúan a medio camino entre los recuerdos, los sueños y los deseos.

Un aspecto de la exposición

A lo largo de seis secciones, la muestra recorre la obra del fotógrafo surrealista. Desde las rayografias, los retratos, los maniquíes y sus “objetos imposibles", hasta las “máquinas poéticas” producto de la relación y complicidad entre el artista y su gran amigo Macel Duchamp.



Fotografía de la obra de Marcel Duchamp "The young man on  a train" 1911.

Conocido como  Man Ray, Emmanuel Radnitzky nacido en Filadelfia el 27 de agosto de 1890, comenzó a usar una cámara para fotografiar sus primeras obras, pinturas y esculturas, aunque pronto descubrió que la fotografía era un arte en si misma, cosa que en aquella época aun era negado por los aristócratas de los pinceles y el cincel. Su visión fotográfica capta la sociedad parisina, realizando una serie de magníficos retratos y viviendo de la fotografía hasta que, junto a Duchamp y Picabia da a luz el Dadá neoyorkino. Posteriormente, halla en el surrealismo su verdadero espacio, en el que produce sus mujeres fatales, sus desnudos en los que equipara la belleza femenina a la de la máquina y sus juegos de dobles lecturas (mujeres violín, lágrimas diamante…).

Rayograma

"Electricité" 1931


 

 

 

 

 

 

 

 



Quizá las más características son sus obras abstractas. Los rayogramas o fotogramas eran imágenes obtenidas directamente en la ampliadora, pero sin la intervención de un negativo: colocaba diversos objetos sobre un papel fotográfico y al exponerlo, se producían unas siluetas inconfundibles, después imitadas hasta la saciedad. 


Fruto de su faceta investigadora es la solarización, técnica descubierta parece que accidentalmente por la fotógrafa y fotoperiodista Lee Miller en su laboratorio mientras le ayudaba en el trabajo de cuarto oscuro. Algo le asustó cuando se estaban revelando unos negativos y encendió la luz, lo que produjo una sobreexposición y una inversión tonal parcial de las imágenes. El fortuito efecto, que fue atribuido a Man Ray durante muchos años, puede producir imágenes insólitas y de gran belleza, aunque después se estandarizó el procedimiento realizándolo, de forma controlada, durante el revelado de la copia en papel. Tras la inversión, las áreas oscuras se transforman en zonas de luz y a la inversa, apareciendo un borde definido entre las zonas contrastadas. La fotografía digital puede obtener efectos similares mediante el ajuste de las curvas de gamma en forma de “V” invertida y alterando los parámetros de opacidad, con  capas de ajuste hasta obtener el resultado que se busca.


Siempre a la contra, en realidad fue fiel a los postulados dadaístas, buscando el absurdo y provocando el escandalo, para lo cual empleó el camino más corto y seguro: el erotismo.


«Despreocupado pero no indiferente», como le define su epitafio en el cementerio de Montparnasse.


Se puede y debe disfrutar de esta exposición hasta el 21 de abril en la Fundación Canal, C/Mateo Inurria,
2 en Madrid.





viernes, 27 de octubre de 2017

LA VIDA EN DIFERIDO



Los que tenemos la suerte de dar o haber dado clase a alumnos de secundaria y/o universitarios, llevamos algunos años observando un fenómeno que empezó siendo una muestra de modernidad y ha devenido en algo alarmante. El abuso/dependencia de los teléfonos móviles por parte de los jovenes (y no tan jóvenes) tiene efectos a los que me he referido en numerosas ocasiones y como corro el riesgo de ponerme pesado, no pienso seguir insistiendo, entre otras cosas porque soy consciente de lo inútil de mi batalla contra los molinos 4G.

Pero estoy observando un nuevo fenómeno que no puedo dejar de comentar. La proliferación de la mal llamada “mensajería instantánea”, que no lo es, ya que hay un lapso de tiempo entre escribir y el hecho de leer (o escuchar en el caso de los mensajes de voz) por parte del destinatario, está produciendo un cambio curioso en la forma de comunicarse entre los individuos abducidos por el watsapp y demás inventos similares: la comunicación ya no es directa, no se produce el mecanismo hablo-me escuchas- me contestas, es decir, eso tan maravilloso, exclusivo de los seres humanos y que les caracteriza, que es la conversación. No, ahora escribimos, repasamos lo escrito y lo enviamos, el receptor es avisado por un sonido característico, abre el mensaje y lo lee (siempre que no lo hayamos enviado a otro…). Es la comunicación en diferido. Parece que se le tenga miedo a que, si decimos lo que pensamos “en directo”, podamos cometer un error irreparable y nos damos (se dan) un tiempo para corregir posibles erratas mentales. De hecho, cada vez más se sustituye la llamada telefónica por el mensaje escrito.

La conversación, ese placer que desde la Grecia clásica ha presidido el contacto entre humanos inteligentes, se está perdiendo, poco a poco. Ya oigo las voces ¡catastrofista!, ¡Don pésimo!...
Igual que no hemos sido capaces de resistir al envite del móvil y sus cientos de ventajas (por cierto, ya se puede pagar con el móvil, ¡que bien! ¡Que buenos son los Bancos!) que se ha convertido en un miembro de nuestro cuerpo: inseparable, ya todo el mundo lo lleva en la mano o lo saca del bolsillo cada 30 segundos, para comprobar que está conectado. Los tratados de anatomía deben contemplar incluirlo como un miembro o como un segundo cerebro que aparece, a modo de prótesis, al final de nuestro brazo.

Pero, volviendo a la conversación. Los profesionales y los teóricos de la televisión (el que suscribe pertenece a ambos colectivos) sabemos muy bien que el medio  alcanza su más alto valor cuando retransmite un evento en directo, en vivo (¡live! que dicen los anglosajones) y lo más para un periodista es entrar en directo a relatar algo que está sucediendo en ese momento. Como diría un popular periodista de televisión que no come ni duerme por salir en la pantalla: “¡más periodismo”!. Internet esta sustituyendo en las preferencias de los jóvenes al clásico televisor (la cuarta pantalla gana terreno a ojos vista) y aunque el streaming esté de moda, el paralelismo entre el abandono del directo televisivo y el del “directo” de la conversación, no me parece que sean fenómenos independientes. Estamos perdiendo la comunicación interpersonal para sustituirla por una comunicación diferida y autocensurada.  La comunicación puede matar  a la comunicación por saturación. Y como siempre que hay un cadáver, hay que preguntarse ¿A quién beneficia su muerte?.

viernes, 17 de marzo de 2017

A VUELTAS CON EL ENCUADRE VERTICAL



Últimamente veo a muchos “fotógrafos de móvil”, o sea a todo el mundo, fotografiar a todo lo que se menea o no, en cualquier situación y sin apenas motivo. La fotografía y el cine se han democratizado hasta tal punto que mientras los profesionales languidecen a la espera de que alguien les haga un encarguito, todo el personal se retrata unos a otros sin descanso ni mesura.
Pero hay algo que me tiene inquieto. Vengo observando, como todos vosotros supongo, que se hacen muchas fotos y sobre todo vídeos usando el Smartphone en formato vertical, conservando el “modo teléfono” para el que se inventó el artefacto en cuestión. Es frecuente ver en televisión vídeos de “periodistas ciudadanos” que perpetran su testimonio, muchas veces insustituible (los asesinatos de París, por ejemplo) en vertical, desaprovechando 2/3 de la pantalla y minusvalorando la importancia de su propia exclusiva.
 Comentado este tema con expertos en la materia (usuarios ilustrados de YouTube, Instagram, etc.,) se me argumenta que el consumo de estas imágenes se realiza en vertical y suele ser efímero. Son vídeos de “mira lo que hago”, que se consumen rápidamente y mueren.
Muy bien, pero… ¿Y si ese vídeo que estás grabando es (y tu aun no lo sabes) “el vídeo de tu vida”? Le condenas a no tener calidad suficiente para ser  emitido por televisión y si, a pesar de todo dada su trascendencia se emite, te delatará como un analfabeto audiovisual. Porque recordemos que los televisores, las pantallas de ordenador e incluso las Tablet, son horizontales y esto no es porque se hayan quedado anticuadas. 

Imagen original en formato tv 16:9
Si encuadramos en vertical perdemos 2/3 de la imagen.

Los humanos tenemos los ojos uno al lado del otro, en horizontal. Cada especie tiene los ojos según conviene a su supervivencia. No los tenemos a los lados como los besugos o facetados como las libélulas, sino uno junto al otro, separados por unos 6 cm.

A alguno le gustará saber que es una propiedad de nuestra visión encaminada a abarcar el máximo de campo visual horizontal y a percibir la tercera dimensión y las distancias, ya que nuestros ancestros (y alguno de nosotros todavía) usamos la vista como elemento de supervivencia, defensivo, alimenticio o lúdico. 

El Sumo hacedor (o la Naturaleza según cada cual) los colocó así para que un rápido “escaneo” del horizonte permitiera saber si aquello que se movía era alimento o amenaza. Pruebe a conducir un coche o a jugar al tenis con un ojo tapado, verá como no calcula la distancia en profundidad, no aprecia la tercera dimensión, con las consecuencias obvias. 

Por muy efímero o de consumo inmediato que sea su vídeo, grabe en horizontal. Además, creo que el Smartphone se puede girar 90º y obtener así una imagen mucho más grande. Y no lo olvide, los ojos están puestos así por alguna razón, cuando los tengamos uno sobre el otro, ya podrá grabar en vertical sin hacer el ridículo.

 Si te quedan dudas puedes ojear este artículo:

jueves, 1 de diciembre de 2016

ÚLTIMOS GRITOS DE LA CIENCIA


Hoy os traigo dos temas que acabo de ver paseando por la red y que son de gran importancia. El problema es que, tal como está el patio, yo se que uno es más importante que el otro, pero no tengo claro cual es. A ver si entre todos llegamos a una conclusión.

Por una parte, YouTube anunció el pasado miércoles la incorporación de un soporte para transmisión de video en vivo en 4K. Streaming de luxe.

El “cine de Google” anuncia que los creadores ya pueden emitir y los espectadores disfrutar (siempre que sea a través de un monitor 4K, lógicamente) de la extraordinaria calidad del sistema. 
Todo esto implica que quien quiera realizar directos en 4K podrá hacerlo a través de YouTube, ya sea en definición estandard o en 4K e incluso emitir vídeos grabados en 360º.

Ya hemos hablado aquí del 4K y “sus cosas”, esta noticia sólo confirma que el avance es imparable. Estas Navidades van a vender “Cuatrokas” como rosquillas.
Por cierto, el próximo Barça-Real Madrid, ofrecerá repeticiones en 360º. 
No digo más.



La otra noticia me tiene extasiado. Alguien ha inventado para Coca-Cola una botella que te hace selfies cuando bebes de ella.

                                FUENTE:COCA-COLA ISRAEL


Por lo visto la cámara, situada en la base de la botella, se activa cuando esta se inclina 70º obteniendo una estremecedora imagen del bebedor mientras ingiere el preciado liquido. La información que proporciona la revista digital sobre publicidad y relaciones públicas The Drum no especifica otras utilidades (si se pueden fotografiar fantasmas u otros seres paranormales, por ejemplo) pero confieso que esto me tiene muy inquieto. El uso que se pueda dar a este invento escapa de los límites de mi imaginación. No se a donde puede llegar la ciencia, cuando trabaja codo a codo con la creatividad desbordada.

Y por supuesto, el dispositivo está pensado para que una vez hecho el desgarrador testimonio gráfico, puedas lanzarlo a las redes sociales y ser admirado inmediata y globalmente.

¡Anda que….!


jueves, 24 de noviembre de 2016

EL MOMENTO DECISIVO. ¿CAZAR O PESCAR?


En el anterior post, en el que os exhortaba a acudir a la exposición de Robert Doisneau, quedó en suspenso comentar algo sobre el llamado “momento decisivo”. Como sabemos, esta expresión la acuñó el gran reportajista (quizá el paradigma del género, junto a Robert Capa, perdonen es una opinión) Henri Cartier-Bresson.
La idea es describir esa imagen “cazada” al vuelo, esa instantánea irrepetible, que una milésima de segundo antes o después ya no sería igual.
Componer una imagen cazada al vuelo  es muy difícil, ya que implica captar la acción y que todo esté “en su sitio” cosa harto complicada. Por eso la técnica que seguían Cartier-Bresson y Doisneau y que seguimos algunos de sus modestos seguidores no es la de cazar, sino la de pescar.
 
Indudablemente los fotógrafos somos gente especial, raros, por qué no decirlo. Vemos cosas que los demás no ven y hacemos barbaridades por conseguir una foto que solo nos va a reportar satisfacción personal. Y no digamos si, además de fotógrafo, eres alpinista…
                                                  
Sin tener la osadía de compararme con los dos genios mencionados, hace mucho que descubrí que la perfecta instantánea  no es un golpe de vista (salvo en contadas ocasiones) sino que hay que esperarla.  Ves un escenario y a alguien que te sugiere algo. El momento se produce cuando el personaje se integra en el escenario, en el lugar preciso para que la composición sea perfecta y se produzca la magia. Clic. Ya está.
Recuerdo tener una gaviota encuadrada y enfocada, esperando a que emprendiera el vuelo para fotografiarla contra un bellísimo fondo en las islas Lofoten, en Noruega. Yo esperaba que el pajarito echase a volar en cualquier momento y cazarle, pero estuvo, ¡20 minutos! sin moverse. Yo estaba agotado y a punto de bajar la cámara, cuando de pronto, despegó…en picado hacia el agua y se salió de cuadro. Naturalmente yo había encuadrado suponiendo que iba a volar hacia arriba. Fue una de esas fotos que nunca olvidas, porque no llegas a hacerla.
Afortunadamente no siempre te quedas con el índice en alto. Lo digital nos ha evitado esperar todo el proceso de revelado para gritar: ¡Mira, mira que foto! a quien sea que tiene la desgracia de sufrir en silencio nuestra afición patológica a cazar momentos, a riesgo de que alguien te rompa un diente…porque claro, como en el viejo Oeste, aquí se dispara y después se pregunta, en su caso.

Pero veamos la diferencia entre cazar y pescar. Son dos fotografías tomadas el mismo día en dos lugares muy próximos en Amsterdam.  En la primera observo ese fondo con una geometría tan peculiar, encuadro y espero a que pase algo. Pasa la ciclista y ya se lo que estaba esperando. La pesco. Clic. Pero el propio fondo, con tanta gente...ya veremos.

 

 La segunda responde a mi búsqueda  de alguien que fuera hablando por el móvil mientras avanzaba en su bicicleta. La vi, levanté la cámara y la cacé. Clic. Pero hay un problema, el foco no es bueno, está en el fondo, aunque el ligero movimiento da a la fotografía el dinamismo necesario y el fondo… ya veremos.



Si,  posteriormente a la caza y a la pesca, las he cocinado. Y aquí ya oigo los gritos: ¡Fraude!, ¡Falsificación!, ¡Trampa!...
¿Por qué? ¿Es que la fotografía tiene la obligación de ser una copia exacta de la realidad? ¿Le pedimos a Antonio López que sea exactamente igual de fiel cuando pinta la Gran Vía? Es un extraordinario cuadro hiperrealista, que si no fuera porque no hay gente podría pasar por una foto, si en vez de ver el cuadro original vemos una reproducción, como esta:

En imagen, lo importante es el resultado final, siempre que no haya perjudicados. ¿O alguien cree que esta foto es una instantánea “cazada”?

Es de Cartier-Bresson, el maestro del instante decisivo, pero está claro que aquí “pescó”. Esas barandillas no se colocan solas, hay que estudiar mucho, componer y esperar a que pase algo. Y pasó el ciclista. Clic. Foto para la historia.

Resumiendo: menos integrismos y más saber a dónde queremos llegar. Por donde lo hagamos, da lo mismo.