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11 junio 2016

CONEXIÓN… ¿O ADICCIÓN? (II)



¿DE QUÉ ESTÁN HECHOS LOS MÓVILES?
      La posible peligrosidad de estos dispositivos comienza en los materiales que los componen.
“De los 83 elementos estables (no radiactivos), al menos 70 de ellos se puede encontrar en los teléfonos inteligentes. Eso es el 84% de todos los elementos estables.
Los metales son los que hacen los teléfonos inteligentes tan “inteligentes”. Un teléfono inteligente promedio puede contener hasta 62 tipos diferentes de metales. Un grupo bastante oscuro de metales —metales de las tierras raras— los cuales juegan un papel vital. Estos metales de tierras raras incluyen escandio e itrio, así como los elementos 57-71, que son conocidos como los lantánidos, porque comienzan con el elemento lantano”. (Rohring, Brian, 2015).
Pero, ¿Cómo se obtienen esos “raros” y semipreciosos minerales? A costa de algo que hace girar la cabeza a más de uno para no ver cosas que molestan, en nuestra limpia e hipócrita sociedad occidental.
“Amnistía Internacional ha recordado hoy la importancia en el conflicto africano de un mineral muy usado en la fabricación de móviles y ordenadores: el coltán. Según esta organización, éste material es parte del origen de una guerra en la que ya han muerto casi 5 millones de personas, más de 350 mujeres y niñas son violadas cada mes, hay casi 2 millones de desplazados, y unos 7.000 niños y niñas combaten como soldados.
Según los informes de la ONU y de científicos y ONG’s que trabajan sobre el terreno, la minería del coltán conlleva trabajo semiesclavo, en muchos casos de niños, que sufren problemas sanitarios por la radiactividad asociada a esa minería, mafias militares que dominan a varios países, la destrucción de Parques Nacionales y el daño a especies amenazadas como gorilas y elefantes”. (Del Rio, Amanda. 2008).

IMÁGENES ADICTIVAS
La democratización del acceso a la imagen que comenzó con la Leica de 35mm, inventada por Oscar Barnak en 1924, culminó a finales del siglo XX con las primeras cámaras digitales. Cualquiera podía ya hacer una fotografía o grabar un vídeo con calidad suficiente (no hablemos todavía del correcto uso del lenguaje audiovisual) para ser mostrado.
“Piensa en cuadrado, Juega con la simetría, Combina aplicaciones, No todo es filtros, Experimenta con nuevos ángulos y puntos de vista, Comparte solo las mejores fotos”. (Escudero, 2014). Este consejo que se puede leer en uno de los numerosos blogs sobre fotografía que encontramos en Internet, demuestra la ignorancia generalizada que existe en esta materia, lo que ha dado lugar a la producción masiva de imágenes inútiles que se realizan en todo el mundo cada segundo. El “selfie” perpetrado a mansalva, puede acabar con la fotografía entendida como arte.
Pero las consecuencias pueden ser de otra naturaleza, que podemos calificar incluso de perversa. El Doctor J.A.Obeso* afirma:
“La cámara es omnipresente, está en todas partes. Si alguien pega a otro o se tira del tejado siempre hay quien lo está filmando, es parecido al revolver en el Oeste  americano, es un “arma de captación masiva” que todos llevamos y que, en último extremo, ha sido creada para capturar más usuarios.
En el terreno de la narrativa, la aparición de los modelos transmedia que ha traído la digitalización, va a producir una interacción que aumentará la capacidad adictiva, “el enganche” del espectador, dejando a la persona indefensa ante la manipulación. Si se es capaz de lanzar una historia con ese nivel de interacción, la información que se puede obtener del individuo es enorme y no me extrañaría que una cantidad importante del presupuesto que algunas agencias de alto impacto, como el Pentágono, dedican a estos temas este centrada en estos aspectos a  nivel consumidor, de control de  conductas “incorrectas” e incluso de los votantes. Si el Pentágono ha gastado grandes sumas en investigar temas como la telepatía o la predicción del futuro, es obvio que lo estará haciendo en esto, que es algo real y tangible”. (Obeso, 2015)
Y, en cualquier caso, lo cierto es que muchos usuarios están aplazando la experiencia personal al momento de revivir las imágenes captadas, cosa que en la mayoría de los casos nunca llega a suceder: las fotos del móvil se borran antes de llegar a verlas, así estas imágenes dejan de ser recuerdos para convertirse en paradigma de lo efímero. (continuará)
.
*La entrevista con el Dr. Ángel Obeso (neurólogo e investigador. Dirige el Hospital Puerta del Sur de Madrid) se realizó en el marco del Proyecto de Investigación “El futuro de la Televisión”, dirigido por el autor y financiado por la Universidad Francisco de Vitoria y el Banco Santander).

10 junio 2016

CONEXIÓN… ¿O ADICCIÓN?


Esta entrada es parte de un artículo muy extenso que tengo preparado pero que, por unas cosas u otras aún no se ha publicado. Como me interesa mucho que el personal, sobre todo el joven que aun tiene arreglo, reflexione sobre el tema, voy a lanzarlo en varias entradas y que salga el sol por Antequera (o por donde sea).

LAS PREGUNTAS
“El Centro de Estudios Especializados en Trastornos de Ansiedad (CEETA) en Reino Unido reveló en 2011 que, de casi 2.200 usuarios de teléfonos móviles estudiados, el 53 por ciento presentaba “nomofobia”, tendencia a sentir ansiedad cuando pierden su celular, se les agota la batería, el saldo, o no tienen cobertura de la red”. (Cooperativa CL, 2012).

Nos enfrentamos a un cambio de costumbres de unas consecuencias mucho más importantes que las que advertimos o nos dejan advertir. ¿Cómo es posible que un adolescente de quince años tras cuatro días sin móvil por avería, al conectarlo de nuevo, observe con naturalidad que tiene pendientes de leer 1450 mensajes de whatsapp? ¿Cómo es posible que un veterano catedrático se pase toda la comida de celebración de un doctorado mirando el móvil, sin participar apenas de la conversación del resto del Tribunal y del flamante Doctor? En sólo una semana he sido testigo de ambos hechos encarnados en protagonistas tan dispares, lo que me ha hecho meditar sobre la cuestión que da título a este artículo: ¿Es la “conexión” una adicción colectiva? ¿A dónde nos puede llevar este pequeño artilugio que parece resolvernos la vida? Y si lo hace, ¿Qué acepción del término “resolver” hemos de emplear?.
La actitud, que hoy nos parece, sobre todo a los menores de 30 años, lo más normal del mundo, de hacer dos o más cosas al mismo tiempo (conducir y hablar por el móvil, por ejemplo) es algo completamente nuevo para el ser humano y está empezando a ser fuente de problemas.

EL DISPOSITIVO
“Si usted es dueño de un teléfono inteligente, es probablemente consciente de que en un año o dos, estará prácticamente obsoleto, debido a que el teléfono inteligente cada vez es más inteligente. En la década de 1950, se habría necesitado todo un banco de computadoras en todo un piso de un edificio de oficinas para hacer lo que actualmente usted es capaz de hacer solo con un teléfono inteligente. Incluso un teléfono inteligente de gama baja tiene más poder computacional que el sistema de computador de la Administración Aeronáutica y Espacial Nacional (NASA) utilizado para poner un hombre en la luna”. (Rohring, Brian. 2015).
La historia del teléfono móvil arranca en el siglo pasado. El IBM Simon Personal Communicator, es considerado como el primer teléfono inteligente. Un prototipo se introdujo en 1992, pero no fue hasta dos años después cuando BellSouth lanzó el teléfono celular en los EE.UU. por $ 899 con un contrato de 2 años o $ 1099 y sin compromiso. El IBM Simon era un teléfono celular con funciones de PDA que ofrecía utilidades como un calendario, un reloj mundial, y una agenda  programable, que podría enviar y recibir mensajes de correo electrónico, intercambiar faxes a través de su módem de 9600 bps. y fue incluso técnicamente capaz de ejecutar aplicaciones de terceros almacenadas en una tarjeta de memoria o en su memoria interna de 1 MB.
A partir de aquí hasta llegar al día de hoy, la carrera desatada entre fabricantes ha sido comparable a la de Ben Hur y Mesala: sin cuartel. Muchos han quedado en el camino y sería ocioso entrar en detalles. Pero…

(Continuará)