viernes, 10 de junio de 2016

CONEXIÓN… ¿O ADICCIÓN?


Esta entrada es parte de un artículo muy extenso que tengo preparado pero que, por unas cosas u otras aún no se ha publicado. Como me interesa mucho que el personal, sobre todo el joven que aun tiene arreglo, reflexione sobre el tema, voy a lanzarlo en varias entradas y que salga el sol por Antequera (o por donde sea).

LAS PREGUNTAS
“El Centro de Estudios Especializados en Trastornos de Ansiedad (CEETA) en Reino Unido reveló en 2011 que, de casi 2.200 usuarios de teléfonos móviles estudiados, el 53 por ciento presentaba “nomofobia”, tendencia a sentir ansiedad cuando pierden su celular, se les agota la batería, el saldo, o no tienen cobertura de la red”. (Cooperativa CL, 2012).

Nos enfrentamos a un cambio de costumbres de unas consecuencias mucho más importantes que las que advertimos o nos dejan advertir. ¿Cómo es posible que un adolescente de quince años tras cuatro días sin móvil por avería, al conectarlo de nuevo, observe con naturalidad que tiene pendientes de leer 1450 mensajes de whatsapp? ¿Cómo es posible que un veterano catedrático se pase toda la comida de celebración de un doctorado mirando el móvil, sin participar apenas de la conversación del resto del Tribunal y del flamante Doctor? En sólo una semana he sido testigo de ambos hechos encarnados en protagonistas tan dispares, lo que me ha hecho meditar sobre la cuestión que da título a este artículo: ¿Es la “conexión” una adicción colectiva? ¿A dónde nos puede llevar este pequeño artilugio que parece resolvernos la vida? Y si lo hace, ¿Qué acepción del término “resolver” hemos de emplear?.
La actitud, que hoy nos parece, sobre todo a los menores de 30 años, lo más normal del mundo, de hacer dos o más cosas al mismo tiempo (conducir y hablar por el móvil, por ejemplo) es algo completamente nuevo para el ser humano y está empezando a ser fuente de problemas.

EL DISPOSITIVO
“Si usted es dueño de un teléfono inteligente, es probablemente consciente de que en un año o dos, estará prácticamente obsoleto, debido a que el teléfono inteligente cada vez es más inteligente. En la década de 1950, se habría necesitado todo un banco de computadoras en todo un piso de un edificio de oficinas para hacer lo que actualmente usted es capaz de hacer solo con un teléfono inteligente. Incluso un teléfono inteligente de gama baja tiene más poder computacional que el sistema de computador de la Administración Aeronáutica y Espacial Nacional (NASA) utilizado para poner un hombre en la luna”. (Rohring, Brian. 2015).
La historia del teléfono móvil arranca en el siglo pasado. El IBM Simon Personal Communicator, es considerado como el primer teléfono inteligente. Un prototipo se introdujo en 1992, pero no fue hasta dos años después cuando BellSouth lanzó el teléfono celular en los EE.UU. por $ 899 con un contrato de 2 años o $ 1099 y sin compromiso. El IBM Simon era un teléfono celular con funciones de PDA que ofrecía utilidades como un calendario, un reloj mundial, y una agenda  programable, que podría enviar y recibir mensajes de correo electrónico, intercambiar faxes a través de su módem de 9600 bps. y fue incluso técnicamente capaz de ejecutar aplicaciones de terceros almacenadas en una tarjeta de memoria o en su memoria interna de 1 MB.
A partir de aquí hasta llegar al día de hoy, la carrera desatada entre fabricantes ha sido comparable a la de Ben Hur y Mesala: sin cuartel. Muchos han quedado en el camino y sería ocioso entrar en detalles. Pero…

(Continuará)

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